El estrés roba el sueño a las españolas

- El insomnio transitorio afecta al 30 por ciento de la población y el crónico, al 10 - Siete de cada diez pacientes que acuden a las consultas con este tipo de trastornos son mujeres - Asumir el papel de «superwoman» las mantiene en vela

Marta Borcha

Madrid- Una, dos, tres, cinco, diez, cien ovejitas brincan por un prado verde imaginario. Hierbas medicinales, baños de agua caliente, antifaces para aislarse de la luz, tapones para los oídos, una sesión de Pilates, yoga o tai-chi. Cualquier método es bueno para entregarse a los brazos de Morfeo, un viaje inconsciente que no siempre se logra de una manera voluntaria y sobre todo si eres mujer, una condición que, como desvelan los expertos consultados, la predispone más a padecer insomnio, a ser secuestrada por la vigilia cuando llega la noche.
No es de extrañar por ello que los programas radiofónicos nocturnos, al igual que las consultas médicas, se pueblen de voces femeninas que tratan de calmar su falta de sueño compartiendo su desasosiego y malestar con los oyentes. «Sois mi única compañía, os escucho todas las noches, padezco insomnio desde hace veinte años y esto es un martirio que no termina nunca», se desahoga Josefa, una oyente palentina, a las cuatro y media de la mañana.
En los países industrializados, el insomnio crónico, superior a seis meses, se produce en el 10% en la población adulta, y el transitorio se eleva al 33%. Los estudios revelan que siete de cada diez de estos pacientes son mujeres, según el Instituto de Investigaciones del Sueño.
Cambio de estilo de vida. ¿Por qué las mujeres no pueden dormir? «Hasta la menopausia la mujer tiene unas necesidades de sueño superiores al hombre y un recorte en esa capacidad de dormir lo nota con mayor facilidad que éste. Por otra parte, algunas de las enfermedades que afectan al sueño, como el estrés y la ansiedad, afectan más a la mujer que al hombre», señala el director del centro, el neurólogo Diego García-Borreguero, quien apunta que el número de horas que duerme la población ha disminuido a lo largo del siglo debido al cambio del estilo de vida. «España siempre ha vivido mucho la noche, pero los horarios y las exigencias laborales han cambiado. Hay que madrugar, pero muchos siguen conservando el hábito de acostarse tarde».
El tipo de vida, de trabajo, la constitución, la personalidad, las cargas emocionales, las responsabilidades y, sobre todo, las situaciones hormonales de la mujer, explica el director de la Unidad del Sueño de la Clínica Ruber de Madrid, Luis Domínguez Ortega, son otros de los factores que influyen en el mal dormir de las féminas. «La ovulación se asocia con cambios en las hormonas reproductivas y la temperatura corporal, que pueden influir en el sueño. Las pacientes con síndrome premenstrual refieren insomnio, hipersomnia, sueños desagradables, despertares durante la noche, imposibilidad de despertarse a la hora deseada, cansancio en la mañana y fatiga», indica el experto, quien asegura que el insomnio es más prevalente en el sexo femenino y que su presencia aumenta con la edad. Otro de los insomnios frecuentes es el asociado con la menopausia. Su característica fundamental consiste en «repetidos despertares nocturnos asociados a sofocos o sudoración, algo que suele resolverse de forma espontánea tras unos meses o varios años, según los casos». También durante el embarazo pueden darse trastornos de sueño que vienen acompañados de «apatía, falta de concentración, irritabilidad y trastornos de humor».
Pocas horas de sueño. Dentro de los trastornos del sueño, indica Domínguez, encontramos el insomnio «como dificultad para iniciar o mantener el sueño», sin embargo, también existen «cuadros hipersomnios, que es todo lo contrario, personas que duermen mucho, como la narcolepsia». Otros trastornos son aquellos en los que «ocurren cosas cuando uno está dormido, como el sonambulismo». En general, aclara, nuestro país padece un insomnio social: «Dormimos menos de lo que debemos, la mayoría tiene una restricción del sueño. Nos levantamos tan pronto como en cualquier país europeo, pero nos acostamos mucho más tarde».
A pesar de ello, no existe un modelo base de las horas que debemos dormir: «Depende de la edad y de cada persona. Los lactantes duermen 18 horas al día, los niños no deben dormir menos de diez, los adultos jóvenes entre siete y ocho horas, y los ancianos un poco menos». Lo importante, matiza, «no es la cantidad de horas, sino que el sueño sea reparador». Y concluye: «Las personas deben dormir sin pastillas, pueden tomar una tila u otras hierbas, pero los hipnóticos no son buenos, hay que aplicar otros métodos, como la relajación». Las mujeres están más predispuestas al insomnio que los hombres. «Tienen más insomnio porque la causa principal está relacionada con las preocupaciones, la ansiedad y el estrés, y la mujer está más abierta emocionalmente, más sensible frente al hombre, que suele tener más capacidad de aislarse, de centrarse en su trabajo, en sus problemas», asegura el psiquiatra Ignacio Botella de la Clínica Ruber de Madrid. El último pensamiento. Prueba de ello es que muchas de sus pacientes llegan a la consulta con experiencias vitales negativas, como es el caso de Olga, una mujer en trámites de separación incapaz de conciliar el sueño. «Vino porque no podía dormir. Se mete en la cama dándole mil vueltas a su situación, pensando en por qué su marido quiere separarse, qué es lo que ha hecho mal, cómo va a afrontar la situación, qué va a decirles a sus hijos, qué consecuencias va a tener en su vida etcétera», explica el psiquiatra, quien afirma que la mujer se estresa más porque no sólo piensa en ella, sino en sus hijos, en cómo les va a afectar a estos la decisión de su padre, en si se lo tiene que decir a la profesora... «La mujer tiene una responsabilidad en el cuidado de los demás más grande que el hombre y el insomnio es una de las primeras manifestaciones indicadoras de situaciones de estrés y ansiedad». A la consulta de Ignacio Botella llegan muchas mujeres desbordadas por los roles que quieren compatibilizar, el rol de madre, de mujer trabajadora, de esposa, de cuidadora de la casa y de los padres ancianos: «A la mujer se le exige ejercer muchos roles, acordarse de los cumpleaños de todo el mundo, apoyar a los hijos emocionalmente, controlarlo todo, algo que le inquieta y que por no poder cubrirlo puede llevarla al insomnio. El último pensamiento y el estado de ánimo que tienes en la cabeza antes de dormir condiciona el sueño». Trastornos secundarios. La carencia de sueño interviene de forma decisiva en el comportamiento del paciente. Tiene una función primordial en la reparación del organismo y sobre todo en la recuperación del sistema nervioso central. Si una persona no duerme las horas que necesita el cuerpo no recibe el mantenimiento necesario y poco a poco ese organismo tendrá una serie de trastornos secundarios. «Cuando se lleva tiempo durmiendo mal aparece un cansancio crónico que afecta al rendimiento cognitivo y emocional, a la vida afectiva, laboral y social, lo que da lugar a problemas personales, de pareja, laborales. Todo ello crea alteraciones progresivas del estado de ánimo, síntomas depresivos, ansiedad, apatía, falta de interés por la vida cotidiana, pérdida de ilusión, mal humor e irritabilidad». Cada vez hay más estudios de expertos que demuestran que los trastornos del sueño disminuyen las defensas del organismo. Sin embargo, entre un 20 y un 40% de los españoles es incapaz de conciliar el sueño y, al menos, el 17% de los casos es grave.