Judas, ¿un quinto evangelio?
Judas, ¿un quinto evangelio?
Conchita. F Escrivà - Tarragona.
El pasado 12 de abril vi el reportaje sobre el descubrimiento del Evangelio de Judas y me pareció algo preparado para ser sutilmente introducido en la Semana Santa de los católicos. Me di cuenta de que intelectualmente se intentaba recuperar una herejía del siglo primero llamada gnosticismo, a la que pertenecía este manuscrito. Lógicamente hubo muchos escritos desde los primeros siglos del cristianismo que fueron recogiendo la predicación de Cristo y había que discernir cuáles de ellos se ceñían a la verdadera predicación y cuáles eran textos de grupos marginales que mezclaban ideas de varias filosofías y religiones. Estos últimos, entre los cuales se encontraban los evangelios gnósticos, como el de Judas, se apartaban tanto de lo que sucedió con Jesús que los cristianos de su tiempo no les concedieron valor alguno. San Ireneo, que se hace eco de los desvaríos de escritos como éste, es testigo del aprecio universal en la Iglesia primitiva de los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan porque sí encontraban reflejado en ellos lo que les habían transmitido los testigos presenciales de la vida de Jesús y la predicación apostólica. En este tipo de estudios arqueológicos, lo que olvidan quienes intentan ir por otras líneas es que el Espíritu Santo es quien sostiene la Iglesia católica y bajo cuya inspiración se eligieron los cuatro evangelios. San Ireneo y sus coetáneos siempre tuvieron muy cercana la predicación de Cristo y las bases de una auténtica y profunda filosofía de los griegos. Basados en el estudio y la fe su punto de referencia no fue una letra escrita y muerta sino la palabra de Dios viva hecha hombre en Jesucristo.

