¿Es de izquierdas Zapatero? ¿e atreverá a poner las estatuas en Madrid, de Stalin en Madrid, el valedor de la II República soviética? ¿Por qué Rodríguez ds todo lo que pide a la burguesía catalana?
Ese chiste de la estatua de Franco levantó muchos aplausos en Carabanchel por ridículo y pertenece a esa demagogia mitad infantil y mitad soez con la que el líder del PSOE se disfraza de rojo, pero no tanto como para poner una estatua de Lenin o Stalin en Madrid, o como para pedir responsabilidades políticas a Felipe González por los gobiernos del crimen de Estado y las corrupción (en los que habitaba Rubalcaba) mientras el aplaudía al felipismo desde su escaño del Congreso. Tampoco parece de izquierda cuando les da a la burguesía y a los banqueros del nacionalismo catalán todo lo que piden, e incluso cuando compara la monarquía española con la república francesa, mientras dice que la ética ha de ser práctica, es decir, inmoral. O cuando cercena la libertad de expresión con códigos franquistas y monta sus multimedias al más puro estilo de Berlusconi, o cuando quita las tropas en Iraq para llevarlas a Afganistán, y no para de enviar soldados para contentar a Rumsfeld. Y no digamos cuando se salta a la torera el Estado de Derecho en los Estatutos, la OPA, la negociación con ETA, las reformas audiovisuales y en lo que le haga falta para seguir en la Moncloa. O cuando elogia a Otegi y desprecia a las que son víctimas del terrorismo, a ver si se pone la medalla de la paz. ¿Zapatero de izquierda y demócrata?
Volvamos a Rajoy. Al líder del PP Aznar le ha dejado una herencia imposible, tanto en la derrota electoral —que es patrimonio de Aznar— como en su resultado y consecuencia política, así como en la ruptura del PP con los nacionalistas, el caos mediático e incluso en los cuadros del partido, aunque de eso también tiene buena culpa Rajoy, porque debió renovar a los más significativos portavoces —Acebes y Zaplana— por caras del presente y para el futuro y no lo ha hecho; allá él, porque además en ambos no se vislumbra ni la credibilidad ni la lealtad. Están más pendientes de lo suyo que del PP, o incluso de la propia sucesión de Rajoy si llegara el caso, cuando no miran de reojo a FAES a ver qué dice o piensa Aznar.
Un ex presidente, que vistas y oídas su truculentas apariciones públicas, anunciando un día sí y otro no la guerra española de los Balcanes —rememorando aquella otra en la que con tanto entusiasmo, como en la de Iraq, participó, incluso a favor del bombardeo de la RTV de Belgrado— y las misteriosas conspiraciones del 11M, parece trabajar más para el PSOE y la estabilidad de Zapatero que para el PP. Y todavía se escapan de FAES los continuos rumores de la plena discrepancia de Aznar con Rajoy en la política del PP sobre las reformas autonómicas y la negociación con ETA. Él, sin duda, iría a la bronca total y frontal, lo que no hace Rajoy porque, como dicen sus detractores, es un blandito.
Pues bien, es cierto que el PP tiene muy difícil rectificar los Estatutos renovados en estos meses porque la iniciativa corresponde a los parlamentos autónomos, y por ello el líder del PP propone una reforma constitucional de competencias, o acude a la calle a pedir firmas a favor del ejercicio de la soberanía nacional, lo que irrita al PSOE. Pero lo grave de todo este lío estatutario es precisamente que las reformas que afectan a toda España se aborden como leyes orgánicas y se blinden en los Estatutos, y eso o lo rectifica en su momento el Tribunal Constitucional (que ya veremos si no es objeto de la perversión de la política), o tendrán que ser los ciudadanos los que en unas elecciones se pronuncien sobre todo ello.
De ahí el empeño de Zapatero de mezclar Estatutos y negociación, porque sabe que la euforia del fin de ETA electoralmente le puede ayudar, y le está ayudando. Y de ahí el dilema en el que se encuentra Rajoy de apoyar un proceso que electoralmente lo daña, pero en el que tiene una responsabilidad política y democrática tan grande como la que a la inversa Zapatero tiene en los Estatutos, aunque en este caso para mal del interés de los españoles. Rajoy ayuda a pesar de que no le beneficie, Zapatero destruye para beneficiarse.
Y decimos todo esto en el día en el que han llegado al Congreso cuatro millones de firmas de ciudadanos pidiendo decidir en el Estatuto catalán que les afecta, lo que ha provocado risas y bromas en la Moncloa —pensión de demócratas rojos de salón—, en donde por lo que se ve no se respeta la opinión ciudadana, aunque, eso sí, están muy seguros y admirados de lo que dice Permach y de esa última noticia, de fuente más o menos desconocida, que asegura que ETA no dio la orden de los últimos atentados. Pues peor nos lo ponen. ¿Quién la dio? Cuidado con la risas de Zapatero y con las bromas en contra de Rajoy, que también tiene sus fallos, ¡cómo no! Porque en estos momentos el líder del PP está más cerca de la realidad y del interés general que el presidente de esa discutida y discutible nación.

