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Blog Pericles Rodríguez vences pero no convences

Rodríguez ¿adonde llevas a los españoles con detenciones ilegales, estatutos y leyes sin consenso, sembrando odios y división, adoctinando y manipulando, despilfarrando, alianzas con cocaleros y golpistas y asesinos, no defender a las víctimas de ETA

Categoría: Familia

1 Mayo 2006

El PSOE explica el matrimonio homosexual pero las fotos son de parejas heterosexuales

El PSOE explica el matrimonio homosexual pero las fotos son de parejas heterosexuales

Seguramente no han caído en la cuenta en el PSOE. La dirección socialista está distribuyendo a nivel interno unos folletos que recogen los logros del Gobierno en estos dos años, uno de ellos, la aprobación del matrimonio entre homosexuales. Lo chocante es que en las fotografías que ilustran ese material las parejas que aparecen son todas heterosexuales; incluso la instantánea que aparece en la misma página donde se menciona la aprobación de esta ley.

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1 Mayo 2006

El gran vacío

El gran vacío
JOSÉ GARCÍA ROMÁN/
ideal.es

EL Sahara es llamado por los nómadas el 'Gran Vacío'. No escasean los libros y artículos que tratan del gran vacío físico y espiritual que nos rodea. Hasta el siglo XVII se creía que a la Naturaleza le repugnaba este fenómeno, pero la ciencia moderna acabó aceptándolo. Cinco de los doce primeros Nóbel de Física y Química fueron concedidos por trabajos y descubrimientos de las técnicas del vacío, que no cesa de crecer en el Universo, igual que los agujeros negros cuya concentración de gravitación no deja escapar ni la propia luz. Es alucinante este contrapunto del devenir del Cosmos. Habrá que tenerlo en cuenta para no caer en su oquedad.

Alguien confesaba hace unos días lo siguiente: «Reconocí que en mi vida existía un gran vacío que debía llenar. Como muchos otros, siempre fui muy ambicioso y creí tener el talento y las agallas para conseguir lo que me propusiera. Pero en lo más profundo de mi ser sentía que me faltaba algo, un vacío imposible de llenar que me provocaba gran descontento. El reconocimiento de que la única manera de alcanzar una felicidad y satisfacción verdadera era el abandono de esas ambiciones y la opción por una vida de pobreza ». Y es que nuestra astuta sociedad, sabedora de que la política y el poder suelen ser principales fabricantes del vacío, compañero de las ideologías -hoy repletas de palabrería y discursos envolventes, preparados y alentados por los dioses de la imagen, los que de verdad gobiernan el mundo, enaltecen ánimos y arrancan entusiasmos ante la 'nada' convertida en realidad virtual-, tiene instrumentos muy eficaces para generar señuelos.

Un cúmulo de carencias conduce al gran vacío, a la soledad de la ausencia que nos hace desvariar y apostar por el bozal, la servidumbre voluntaria, los pedestales, los dólares, los blindajes, la vida social de alto standing, los negocios oscuros, los incrementos patrimoniales inmorales, movidos por el miedo a no traspasar la barrera del sonido vulgar y quedar condenados a soportar a los plebeyos y por tanto privados de vivir con el estrellato del 'oxígeno' puro de la zona VIP, donde se dan cita la categoría, la reputación, la importancia y la solvencia. ¿Quién duda de que la fama, el poder y el lujo están vacíos aunque salgan en las primeras páginas de los periódicos y las revistas, en las pantallas de la televisión y las vallas publicitarias, y no quepan en sí mismos?

Se empeñan algunos medios de comunicación en diseñarnos rutas de 'dignidades' con recompensas en forma de prestigio, reconocimientos, aplausos, rendibúes, círculos de poder, cheques 'generosos' y casas sin tiempo para disfrutarlas, animándonos a entrar en el grupo que, previa venta de honor al diablo más querido, vive dedicado a la tarea de instalar un nuevo orden en el mundo para transformarlo en una descarada escuela de negocio, en una bolsa ruin, a cambio de dividendos ilícitos. Y además se nos quiere convencer de que no se puede ser feliz comiendo por siete euros en un restaurante donde no haya reservados ni miradas de presunción, con gente normal, sin aspirar a desear lo que otros tienen, aunque lo hayan conseguido por procedimientos injustos. ¿Dónde queda el proyecto de ganarse el respeto, si es que es un valor, con el exclusivo apoyo de uno mismo? Porque lo fundamental en la vida es oler bien por dentro, donde no llega el aliento del perfume. Ante tantas situaciones extrañas a veces no queda más remedio que hacer el vacío para aislarse del mundo que no tiene intención de cambiar a mejor.

En el camarote de nuestra vida nos sobrecoge la contemplación de la inmensidad del mar donde navegamos hacia un horizonte de horizontes, mientras nos acosan unas ansias enfermizas, un desasosiego de limitación y una frustración desmesurada a causa de los atractivos cantos de una seductora procacidad. Pero tras esa música aparentemente sublime está el vacío que grita que los individuos nunca son mayoría, como tampoco lo son los que limpian cada día los llamadores de la puerta de las conciencias ni los que ponen luces de aviso en los caminos de la noche.

Hay gente que deja un gran vacío cuando se marcha de este mundo; gente que perdió la oportunidad de su vida dedicándose a los demás, desaprovechando negocios rentables, desperdiciando su tiempo haciendo el bien, rechazando la traición, la suplantación, la especulación, y creyendo en actitudes, no en teorías, en un trabajo honrado que no propicia el enriquecimiento desmesurado, normalmente acompañado de robo y malversación. ¿Cómo destruir el vacío? Tal vez «guardando cerdos y comiendo algarrobas», como San Agustín en su conversión, o abandonando 'cátedras', palacios, altas posiciones y privilegios, escribiendo así una modélica sinfonía de adioses.

Se cree que el silencio convive con el vacío, y no es verdad. El silencio habla y alto. No se le pude hacer el vacío. Como acusa y deja al descubierto el protagonismo de la palabra huera y del pensamiento huérfano, se procura eliminar pues desagrada al ruido impertinente de unos tiempos pervertidos que rinden pleitesía a las riquezas. Pero nunca, yo lo sé, consentirá que deje de percibirse la música del latido del corazón de un ruiseñor.

El vacío interior acosa a nuestra sociedad que se siente triunfadora por la ciencia, mientras, ¿qué ironía!, los espacios verdes desaparecen por la especulación más vergonzosa. Se me ocurre pensar que en tantas ocasiones también nuestra sombra intenta alejarse de nosotros hastiada y harta de aguantarnos día y noche impertinencias, sonrisas falsas, poses indignas, discursos mezquinos, artimañas y mentiras propiciadas por el cabestro voluntario del pensamiento único. Pero la pobre nunca podrá ser libre, su vida pende del hilo de la nuestra. Vive con y por nosotros. Si el cero es el vacío matemático, la ausencia de cantidad, lo opuesto al número, el indicador de nuestra ignorancia, el cero absoluto es el gran vacío de una vida que como un agujero negro lo engulle todo convirtiendo la luz más rutilante en oscuridad tenebrosa. Siempre queda la esperanza de la llama diminuta del corazón ardiente de una vela. JESÚS FERRERO

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23 Abril 2006

Cuando los hijos son un arma arrojadiza

Cuando los hijos son un arma arrojadiza El actual sistema judicial español de familia se está mostrando incapaz de resolver pacíficamente los procesos de ruptura de pareja “Los niños son un objeto que arrojarse. Cuando ya nada queda que lanzarse a la cabeza siempre están ellos (…) y son reclutados por uno de los progenitores como parte del bagaje que usará contra el otro”. Así lo constata diariamente en su consulta el psicólogo clínico y forense José Manuel Aguilar y nos lo relata en su libro “SAP, Síndrome de Alienación Parental”. Hijos manipulados por un cónyuge para odiar a otro. Por José Ramón Aramendi.
http://www.panorama-actual.es/reportajes/default.pl?id=33
José Manuel Aguilar, psicólogo

Todos sufren

La explotación económica del progenitor odiado forma parte de esta praxis de odio. Todo sacrificio económico que pueda realizar este progenitor jamás será valorado y siempre será considerado como una obligación.

Esta situación producida por el SAP resulta dramática. La realidad es que sufren todos, y todos son víctimas.

El progenitor alienador padece una patología psicológica cuyo origen es muy diverso y que desde luego le impide todo disfrute normal de la vida. Es un enfermo. Sufre y hace sufrir.

El hijo alienado, el niño, porque la gran mayoría son menores de edad, se ve desprovisto del cariño y de la atención que todo niño requiere y demanda de ambos progenitores. Odia a uno de ellos. Es una víctima y es asimismo, un enfermo, padece el SAP.

Por último, el progenitor odiado, padece la incomprensión y el odio de uno de los seres que más quiere en su vida y con el que se relacionaba maravillosamente.

Las situaciones existenciales que este síndrome conlleva son desgarradoras. Todos conocemos o hemos oído hablar de ellas. Abuelos que se mueren sin ver a sus nietos, padres que desconocen todo sobre sus hijos, soledad y mucha angustia en todos los implicados.

Los psicólogos y psiquiatras así como los abogados de familia son los profesionales que mejor conocen estas situaciones; se enfrentan a ellas diariamente y no deja de afectarles tanto sufrimiento en un ámbito tan íntimo y entrañable como ha de ser la familia.

La sociedad está tomando conciencia de este desgarrador síndrome. Se ha comenzado a intervenir en dos ámbitos, en el de la psicología y en el de la justicia.

En el primero de ellos cada vez se conoce mejor la personalidad patológica del alienador y su posible curación y la forma de tratar al alienado. En el ámbito jurídico, los tribunales han empezado ya a valorar estas situaciones, tomando las medidas jurídicas procedentes en derecho.

En fin, a ése niño alienado y enfermo, únicamente podemos decirle, al menos desde el corazón: ama a tu madre y ama a tu padre, los dos te quieren, te han dado la vida; se niño, se feliz.

Los hijos son utilizados en demasiadas ocasiones como rehenes de alguno de sus progenitores. Además, con una estrategia, más o menos sutil, se les predispone y alecciona para incluso odiar a su otro progenitor. Así, explica Aguilar, “llegarán entonces las falsas acusaciones de agresión sexual o los obstáculos para que se lleven a cabo las visitas. Los hijos se convierten en la infantería en la batalla contra el otro progenitor”.

Esta situación ha sido objeto de tipificación psiquiátrica. Técnicamente se la conoce como Síndrome de Alienación Parenteral (SAP), un trastorno por el cual “un progenitor transforma la conciencia de sus hijos, mediante distintas estrategias, con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor”, como lo define el experto.

En el libro de Aguilar se atribuye a Richard Gardner, Profesor de Psiquiatría Clínica del Departamento de Psiquiatría Infantil de la Universidad de Columbia (EE.UU.), la autoría de la primera definición del SAP, llevada a cabo en 1985.

Richard Gardner definió el SAP como “un trastorno que surge principalmente en el contexto de las disputas por la guardia y custodia de los niños. Su primera manifestación es una campaña de difamación contra uno de los padres por parte del hijo, campaña que no tiene justificación. El fenómeno resulta de la combinación del sistemático adoctrinamiento (lavado de cerebro) de uno de los padres y de las propias contribuciones del niño dirigidas a la denigración del progenitor objetivo de esta campaña”.

Estas situaciones se producen generalmente tras procesos de separación y divorcio muy conflictivos. Su promotor o causante, el progenitor alienador, en casi la totalidad de las ocasiones, es el que tiene adjudicada la custodia legal de los hijos.

Actitudes del niño

La conducta y actitud de estos niños puede llegar a ser de una crueldad absoluta hacia el progenitor víctima del SAP.

Estos niños asumen las ideas y actitudes del progenitor alienador como si fueran suyas. En ningún momento llegan a sentirse alienados y manipulados. El sentimiento del niño provocado por el progenitor alienador “se concibe como propio, el hijo se reviste de una personalidad que cree autoelaborada, de tal suerte que resulta impermeable a las influencias de los demás”, afirma José María Aguilar.

La realidad psicológica del niño alienado es muy compleja, seguidamente describiremos, siguiendo a José María Aguilar algunas de las conductas más características.

Su actitud no es pasiva, es claramente beligerante. Tratan a su progenitor, no ya como a un enemigo, sino “como a un desconocido odioso cuya proximidad sienten como una agresión a su persona”.

Alcanzado este nivel de alienación la labor del progenitor alienador es mínima, ya no se requiere una instigación puntual. Se ha producido la culminación de la alienación y el niño actúa solo.

El único sentimiento que siente ese niño hacia su otro progenitor es el odio, ni más ni menos. “El hijo alienado muestra un odio sin ambivalencias, sin fisuras ni concesiones. Un odio que sólo puede ser equiparado con el fanatismo terrorista”.

Este odio y rechazo se proyecta y se extiende sin excepción a toda la familia de su progenitor, abuelos, tíos, primos, con los que siempre mantuvo una gran relación de afectividad, como resulta normal en todos los niños.

Sin embargo, siguiendo con esta lógica cruel, el progenitor alienador surge como un ser perfecto, “su imagen es pura, completa e indiscutible, ante la cual cualquier alegato o afrenta se vive de modo personal e imperdonable”.

La defensa del progenitor alienador es superior a cualquier razonamiento lógico, nada le convencerá de que no es así. José María Aguilar, relata en su libro un caso que trató en su consulta, y que nos muestra esta cerrazón total. “Cuando un hijo, que continuamente se quejaba de que su padre jamás había intentado ponerse en contacto con él, tuvo que enfrentarse en mi despacho a cerca de una treintena de burofax que su madre había rechazado durante el tiempo que no habían tenido contacto, comenzó a alegar que su progenitor únicamente lo había hecho para justificarse como “buen padre”.

Cuando el padre le leyó el contenido de alguno de aquellos documentos, en los que le rogaba que le permitiera tener una conversación telefónica con su hijo el día de su cumpleaños, el menor respondió argumentando que su madre siempre hacía lo que consideraba mejor para él”.

El hijo alienado, asombrosamente, muestra una total ausencia de culpabilidad. El odio inducido del que es víctima y verdugo, no olvidemos ambos extremos, es tan poderoso que elimina todo rasgo de culpa, “lo que permite a los menores alcanzar los niveles de denigración más irracionales”.

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